Del diagnóstico al tratamiento: cómo la genética está impulsando una atención más personalizada
Por Roger Munne, responsable nacional
de Canales Mediados de Sanitas
Durante años, la conversación sobre medicina personalizada ha estado ligada principalmente a la prevención. La posibilidad de identificar predisposiciones a determinadas enfermedades antes de que aparezcan ha abierto nuevas oportunidades para cuidar la salud de forma más proactiva. Sin embargo, el potencial de la genética va mucho más allá. Hoy, ese conocimiento empieza a transformar también la forma en que se abordan los tratamientos.
La práctica clínica demuestra que no todas las personas responden igual a un mismo medicamento. Factores como la edad, el estilo de vida o el estado general de salud influyen en los resultados, pero también lo hace la genética. Comprender cómo procesa cada organismo determinados fármacos puede aportar información valiosa para acompañar la toma de decisiones médicas y avanzar hacia una atención cada vez más individualizada.
Precisamente para entender mejor esta relación entre genes y medicamentos surge la farmacogenética, una disciplina que estudia cómo determinadas variantes genéticas pueden influir en la manera en que el organismo procesa los tratamientos. Su objetivo es aportar información que ayude a comprender mejor la respuesta individual a los fármacos y avanzar hacia una atención más ajustada a las características de cada paciente.
Este enfoque es el que inspira Mi Farmagen, la propuesta de Sanitas que aplica el conocimiento genético al ámbito farmacológico. El servicio analiza 29 genes relacionados con la respuesta a medicamentos y ofrece información sobre más de 120 fármacos de uso habitual. La finalidad es proporcionar una visión más completa sobre cómo puede reaccionar cada persona ante determinados tratamientos y poner ese conocimiento al servicio de la práctica clínica.
La iniciativa supone un paso más dentro de la apuesta de Sanitas por la medicina preventiva, predictiva y personalizada. De hecho, complementa el trabajo desarrollado a través de Mi Salud Genómica, el programa de secuenciación y análisis del genoma impulsado junto a Bupa, que permite identificar predisposiciones genéticas asociadas a distintas enfermedades y desarrollar planes de salud adaptados a cada persona.
Si Mi Salud Genómica ayuda a comprender mejor determinados riesgos de salud y las oportunidades de prevención, Mi Farmagen traslada ese conocimiento al ámbito de los tratamientos. Ambas iniciativas comparten una misma lógica: utilizar la información genética para convertir el conocimiento en decisiones prácticas que ayuden a las personas a cuidar mejor de su salud.
La conexión entre ambas iniciativas responde a una misma filosofía: entender que cada persona es única y que, por tanto, la forma de cuidar su salud también puede serlo. Si el conocimiento genómico permite anticipar riesgos o reforzar la prevención, la farmacogenética ayuda a comprender mejor cómo responde cada organismo a determinados medicamentos.
En un contexto en el que los ciudadanos muestran un interés creciente por conocer mejor su salud y participar activamente en las decisiones relacionadas con su bienestar, este tipo de avances reflejan una evolución cada vez más visible en la medicina. Una evolución que sitúa a la persona en el centro y que busca aprovechar todo el potencial de la ciencia para ofrecer una atención más personalizada.
Porque el futuro de la salud no pasa únicamente por diagnosticar antes o tratar más enfermedades. También pasa por conocer mejor a cada paciente. Y la genética se está consolidando como una de las herramientas más prometedoras para hacerlo posible.
