Por qué la digitalización ya no basta para competir en seguros
Por Carlos Martín, socio responsable del sector Seguros de EY España
Durante la última década, la transformación del sector asegurador ha estado asociada casi de forma automática a la digitalización. Pero esa etapa ha alcanzado un elevado grado de madurez y, tras años de importantes inversiones en tecnología, esta ha dejado ya de ser un objetivo en sí mismo para convertirse en condición necesaria para competir. Las entidades se enfrentan ahora a un desafío diferente: cómo aprovechar las nuevas capacidades tecnológicas y convertirlas en una ventaja competitiva sostenible para crecer de forma rentable, ganar eficiencia y reforzar su capacidad de adaptación en un entorno más complejo e incierto. Un contexto donde la IA se perfila como motor principal de transformación para los próximos años.
Y es que las tendencias que observamos a escala global, contrastadas con primeros ejecutivos, directores financieros, responsables tecnológicos y líderes de negocio del sector en España, apuntan a un marcado cambio de paradigma. La IA ha dejado de ser una promesa de futuro o un proyecto piloto. Su impacto comienza a extenderse de forma transversal a toda la cadena de valor de las aseguradoras, desde la suscripción de riesgos y la fijación de precios hasta la gestión de siniestros, la detección del fraude, el servicio al cliente o la optimización del capital. La cuestión ya no gira en torno a dónde puede aplicarse esta tecnología, sino a cómo integrarla en los procesos esenciales de la organización para generar resultados tangibles y medibles.
Industrializar el uso de la IA
España parte de una posición favorable para afrontar esta nueva etapa. Durante los últimos años las aseguradoras han realizado importantes esfuerzos para modernizar sus infraestructuras tecnológicas, mejorar la calidad de sus datos y automatizar procesos. Gracias a ello, muchas entidades han construido las bases necesarias para avanzar hacia una nueva fase de madurez. El camino ahora es industrializar el uso de la IA, escalando sus aplicaciones y conectándolas con la estrategia empresarial. Las compañías que consigan hacerlo con mayor rapidez y eficacia obtendrán una ventaja difícil de replicar.
Al mismo tiempo, observamos cómo el crecimiento vuelve a ocupar una posición dominante en la estrategia de estas compañías. En el negocio de Vida, la innovación de productos, la personalización de las propuestas de valor y la optimización del capital se están consolidando como prioridades para responder a las nuevas necesidades de los clientes. Esta tendencia adquiere una relevancia especial en España, donde el envejecimiento de la población, el incremento de la esperanza de vida y la creciente presión sobre los sistemas públicos de protección están reforzando la importancia del ahorro a largo plazo y de la previsión financiera.
Estamos ante una oportunidad significativa para las aseguradoras a la hora de desempeñar un papel cada vez más relevante en la planificación financiera de las familias y las empresas. Pero aprovecharla exigirá combinar innovación, cercanía, simplicidad y una experiencia de cliente capaz de generar confianza en un entorno con expectativas cada vez más elevadas.
Desafíos en No Vida
Los desafíos son distintos en los seguros de No Vida, aunque igualmente exigentes. La presión sobre los márgenes, el incremento de determinados costes, la aparición de nuevos riesgos -como los climáticos- y la necesidad constante de mejorar la eficiencia operativa están impulsando nuevas inversiones en análisis avanzado de datos y automatización. También aquí la inteligencia artificial debe desempeñar un papel fundamental, permitiendo mejorar la evaluación de riesgos, anticipar comportamientos y tomar decisiones más precisas ante la incertidumbre.
Pero la transformación del sector no se limita a la tecnología. También afecta a la forma en que las aseguradoras gestionan e invierten su capital. A escala internacional, los activos alternativos han ganado protagonismo como fuente de diversificación y rentabilidad, entre ellos destaca la financiación privada (private credit) a empresas, que continúa ganando posiciones entre los grandes inversores institucionales.
Un contexto que abre oportunidades para el sector y también nuevos desafíos relacionados con la valoración de activos, la liquidez, la concentración de riesgos y el gobierno corporativo. Aunque el mercado español presenta características diferentes a otras geografías, es razonable pensar que estas tendencias tendrán una influencia creciente en las estrategias de inversión de numerosas entidades. Esto hace que el análisis de estas oportunidades no pueda limitarse exclusivamente a la rentabilidad esperada y deba incorporar consideraciones relacionadas con la resiliencia financiera, la gestión integral del riesgo y unas exigencias supervisoras cada vez más rigurosas.
Creciente interconexión entre innovación y regulación
Precisamente, una de las características que mejor define el momento actual es la creciente interconexión entre innovación y regulación. Las aseguradoras deben adaptarse simultáneamente a nuevos desarrollos en IA, ciberseguridad, protección de datos, resiliencia operativa y regulación europea. Durante mucho tiempo, innovación y cumplimiento normativo se analizaron como ámbitos independientes, pero hoy esa separación resulta cada vez más difícil de sostener.
Aquellas compañías que logren innovar con rapidez sin comprometer el control del riesgo, la transparencia ni la confianza de clientes, reguladores e inversores serán las mejor posicionadas para liderar el mercado. En este escenario, la calidad del dato, la gobernanza de la IA, la trazabilidad de los modelos y la resiliencia operativa dejarán de considerarse únicamente requisitos regulatorios para convertirse en los verdaderos elementos diferenciales.
Y nada de todo esto será posible sin el talento adecuado, convertido hoy en una verdadera prioridad estratégica. Las aseguradoras necesitan equipos capaces de combinar de forma efectiva conocimiento técnico, visión empresarial, capacidad analítica y adaptación al cambio. En esto, la digitalización ha dejado de ser el factor diferencial. Lo que determinará quién lidere el futuro será la capacidad de transformar la tecnología en crecimiento sostenible, confianza y resultados de negocio. Y eso solo lo consiguen las personas.
