Sin renovables asegurables, no habrá una economía digital sostenible
Por Juan Escudero, Managing Partner de Jhasa
La inteligencia artificial se ha convertido en una de las principales palancas de transformación económica y tecnológica. Sin embargo, la llegada de nuevas tecnologías, como el asentamiento del uso de la IA, aún no está recibiendo suficiente atención. Buena parte de su capacidad de éxito no solo está en los datos, algoritmos o capacidad de procesamiento; necesita fuentes de energía fiables, autónomas y solventes.
Detrás de cada modelo generativo y de cada plataforma basada en IA existe una infraestructura física con un consumo eléctrico intensivo. Los data centers funcionan de manera continua, por lo que requieren estabilidad del suministro eléctrico. A menudo se encuentran en zonas desérticas, por su bajo coste del terreno, la abundancia de espacio no cultivable y la baja humedad, que añade capas de refrigeración constante a un sistema que de por sí ya lo necesita. Y, además, está el tema de seguridad operativa que escala la capacidad energética que emplean estas infraestructuras de datos.
Teniendo en cuenta estas necesidades es fácil comprender que la presión está recayendo en las fuentes de energía renovables. Se trata de uno de los grandes retos de la nueva economía digital desde el cual la transición energética y tecnológica ya no pueden analizarse por separado.
El crecimiento de los data centers acelerará la demanda energética
Algunos informes sectoriales sitúan la cifra de crecimiento por inventario y capacidad en 2030 a 219 GW, lo que significa que se prevé un consumo tres veces mayor al actual, y que disparará la demanda de plantas solares, parques eólicos, baterías, soluciones híbridas y acuerdos de suministro a largo plazo vinculados a grandes consumidores energéticos.
Retos y oportunidades para el sector asegurador
La relación entre los centros de datos y el sector eléctrico se estructura principalmente a través de los Power Purchase Agreements (PPAs), o Acuerdos de Compra de Energía. Después de EE. UU., España es el líder indiscutible en volumen de contratación de estos acuerdos en Europa, gracias a su excelente recurso solar y precios competitivos de suelo. Compañías como Amazon y Microsoft están firmando megacontratos en regiones como Aragón para abastecer sus nuevas infraestructuras en la nube.
Pero esta oportunidad también introduce una complejidad aseguradora que no debemos infravalorar. Cada nuevo proyecto de renovables asociado a los data centers está expuesto a amenazas técnicas, financieras, climáticas, regulatorias y operativas. Una cadena que abarca la fase de presentación de proyecto y avales, donde la caución tiene un gran potencial, pero también las fases de construcción, conexión a red, transporte de equipos, disponibilidad de componentes, fenómenos meteorológicos extremos, almacenamiento energético, ciberseguridad industrial e interrupciones en la operación por causas ajenas.
El seguro debe dejar de entenderse como un trámite final dentro de este tipo de proyectos para formar parte del diseño estratégico desde el inicio. La asegurabilidad de un proyecto renovable puede condicionar su financiación, su calendario de ejecución y su capacidad para atraer inversión. Un programa mal dimensionado o estructurado puede dejar fuera riesgos críticos e incrementar considerablemente la exposición para el cliente.
España tiene una posición muy interesante para aprovechar esta transformación. Cuenta con recursos renovables, experiencia en proyectos energéticos y un creciente interés internacional por el desarrollo de data centers. El reto será hacerlo de forma ordenada, sostenible y asegurable.
La inteligencia artificial marcará buena parte del desarrollo económico de los próximos años, y las infraestructuras energéticas deberán ser capaces de sostenerla con proyectos renovables donde la internacionalidad marcará la pauta y que estén preparados para resistir en entornos cada vez más exigentes y complejos.
