Los hogares con dependientes disponen de un patrimonio neto un 12% inferior
Fundación Caser ha presentado El impacto de la dependencia en la salud financiera de los hogares, un estudio que cuantifica el impacto económico de la pérdida de autonomía en las familias. El informe analiza cómo evolucionan la renta, el ahorro y el patrimonio cuando una persona mayor de 65 años entra en una situación de dependencia, y qué margen conserva el hogar para afrontar los gastos del cuidado y mantener su bienestar a lo largo del tiempo.
El análisis muestra que los hogares con personas en situación de dependencia disponen de cerca de un 12% menos de patrimonio neto, lo que reduce su margen económico para afrontar unos gastos de cuidado que aumentan a medida que se intensifica la pérdida de autonomía. Aunque buena parte de su patrimonio está concentrado en la vivienda habitual y los depósitos, en 2023 el patrimonio neto medio de los hogares con personas en situación de dependencia se situaba en 203.000 euros, frente a 229.000 euros en los hogares sin dependencia. Cuando se comparan hogares equivalentes en edad, composición, territorio y otras características, la diferencia se mantiene y equivale a unos 28.000 euros menos.
A esta brecha se suma un perfil patrimonial más conservador y menos diversificado, con mayor peso de la vivienda y los depósitos y menor presencia de otros activos financieros, lo que limita su capacidad para generar rentas y obtener liquidez de forma gradual cuando aumentan las necesidades de cuidado.
La investigación se apoya principalmente en el Panel de Hogares, que permite seguir la evolución de las familias entre 2016 y 2023. En el último año analizado, esta base reunía información de 1,19 millones de hogares y 3,55 millones de personas. El estudio se enmarca en un observatorio recurrente de Fundación Caser para seguir la relación entre envejecimiento, cuidados y sostenibilidad financiera.
“Cuando aparece una situación de dependencia, las familias no solo reorganizan los cuidados. También necesitan movilizar ahorro y patrimonio para responder a gastos que pueden mantenerse durante años. Este estudio muestra la importancia de anticipar, informar y acompañar, combinando la protección pública, los servicios profesionales y las soluciones de previsión, siempre desde el respeto a la autonomía de cada persona”, señala Juan Sitges, director de Fundación Caser.
Cuentas y depósitos, la primera fuente de ahorro
El informe identifica una secuencia clara en la forma en que la dependencia afecta a las finanzas del hogar. Las familias recurren primero al dinero disponible en cuentas y depósitos, que pueden utilizar de manera inmediata. Por ello, las cuentas y depósitos registran la mayor caída, un 11,3%, y el efecto comienza a apreciarse desde el segundo año.
A medida que la necesidad de cuidado se prolonga, el ajuste deja de concentrarse en las cuentas y depósitos y alcanza también a otros ahorros e inversiones, como fondos, bonos, valores negociados, seguros de ahorro y planes de pensiones. En conjunto, este patrimonio financiero se reduce un 8,4% de media, mientras que el patrimonio bruto cae un 4,8%. El análisis apunta también a una reducción del patrimonio inmobiliario del 9,6%, aunque este resultado debe interpretarse con cautela, ya que la vivienda suele movilizarse más tarde y de forma muy diferente entre hogares.
Menos patrimonio y menor capacidad de adaptación
La diferencia entre ambos tipos de hogares no se limita al volumen de riqueza acumulada. También afecta a su composición. Casi el 80% del patrimonio bruto de los hogares con dependencia procede de la vivienda y los depósitos, frente a alrededor del 71% en los hogares sin dependencia. Esta concentración reduce la capacidad para generar rentas periódicas y obtener liquidez de forma gradual.
La menor diversificación se observa especialmente en otros activos financieros, como los fondos de inversión, los valores negociados, los seguros de ahorro, la deuda y los bonos. En conjunto, estos activos representan el 16,5% del patrimonio bruto de los hogares con personas en situación de dependencia, frente al 23,8% en los hogares sin ella. La diferencia alcanza los 35.000 euros de media.
Los resultados aportan, además, un matiz relevante. Entre 2016 y 2023, el patrimonio de los hogares con personas en situación de dependencia creció a mayor ritmo y la diferencia se redujo parcialmente. Sin embargo, este acercamiento se apoyó sobre todo en la vivienda y los depósitos, mientras que las diferencias persisten en los activos financieros más diversificados.
