Un tercio de los mayores de 55 años convive con mascota y el 91% destaca su apoyo emocional
El 33% de los españoles mayores de 55 años convive actualmente con un animal de compañía, una presencia que se convierte en un motor clave para su bienestar emocional y físico. De hecho, el 91% de los séniores con mascota afirma que su animal le ayuda a sentirse acompañado, mientras que un 85% asegura que le sirve de apoyo en momentos de tristeza o soledad.
Así lo revela el ‘VI Barómetro del Consumidor Sénior’, elaborado por el Centro de Investigación Ageingnomics de Fundación Mapfre, que por primera vez analiza el impacto de las mascotas en el envejecimiento activo.
Hábitos, actividad física y socialización
Además del beneficio afectivo, el estudio subraya cómo la responsabilidad de cuidar a un animal estructura la rutina diaria de los mayores:
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Rutina diaria: El 78% señala que la mascota le ayuda a mantener horarios y hábitos estructurados de cuidados y salidas.
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Ejercicio físico: El 63% considera que favorece mantenerse físicamente activo, principalmente a través de los paseos.
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Relaciones sociales: Un 60% afirma que el animal facilita sus interacciones y vínculos con otras personas.
Múltiples realidades según el perfil laboral
El informe muestra que la penetración de las mascotas varía sensiblemente según el momento vital. La convivencia con animales es más elevada entre los séniores que continúan en activo (43%) y entre las personas en situación de incapacidad (42%). En el extremo opuesto, el porcentaje se sitúa en el 35% entre las personas dedicadas a las tareas del hogar y desciende al 27% entre los jubilados.
Por otro lado, entre quienes no tienen mascota, a un 18% le gustaría tenerla, aunque un 12% reconoce que no puede dar el paso por motivos económicos, de salud u otras circunstancias personales.
En palabras de Juan Fernández Palacios, director del Centro de Investigación Ageingnomics, «cuando hablamos de envejecimiento saludable, también es importante la autonomía, la participación y la capacidad de mantener una vida cotidiana activa y estructurada». En este sentido, Fernández Palacios destaca que «las mascotas pueden tener un papel clave: obligan a mantener rutinas, favorecen el movimiento, generan interacción social y aportan compañía».
