Ya no aseguramos mascotas. Protegemos a un miembro de la familia
Por Alfonso Palacios, director general de Vetland Assistance (Grupo Detriavall AG)
Durante mucho tiempo, el seguro de mascotas ocupó una posición secundaria dentro del sector asegurador. Para muchos propietarios era poco más que una cobertura de responsabilidad civil y para muchas compañías un ramo complementario.
Hoy esa realidad está cambiando a gran velocidad.
España se ha convertido en uno de los países europeos donde la relación con los animales de compañía ha evolucionado con más fuerza. Según datos sectoriales, en nuestro país convivían en 2025 ya más de 28 millones de mascotas, entre ellas cerca de 9,8 millones de perros y 6,5 millones de gatos. Paralelamente, el ecosistema vinculado al cuidado animal supera los 5.700 millones de euros.
No estamos ante una moda pasajera. Estamos ante un cambio social profundo.
Las mascotas forman parte de la vida cotidiana de millones de familias. Viajan con nosotros, condicionan nuestras decisiones de ocio, influyen en la elección de una vivienda y ocupan un lugar emocional que hace apenas dos décadas era difícil imaginar.
El sector asegurador ha detectado claramente esta transformación. De hecho, cada vez son más las entidades que han apostado por desarrollar productos específicos para mascotas o reforzar los ya existentes. Pero, en mi opinión, el verdadero cambio no está en la oferta, sino en la demanda.
La mayoría de los propietarios no se interesa por un seguro porque tema una reclamación de responsabilidad civil. Se interesa porque quiere saber cómo salvaguardar la salud de su mascota, afrontar una urgencia veterinaria, una cirugía complicada o una enfermedad grave cuando llegue el momento.
Y ese momento llega con más frecuencia de lo que muchas veces pensamos.
Según Unespa, las prestaciones veterinarias representan ya cerca del 38% de todas las actuaciones realizadas por los seguros específicos de mascotas en España. Además, el coste medio de una prestación veterinaria supera los 200 euros, aunque determinadas intervenciones o tratamientos especializados pueden multiplicar ampliamente esa cifra.
En paralelo, la medicina veterinaria está viviendo una auténtica revolución. Hoy son habituales procedimientos diagnósticos y terapéuticos que hace pocos años estaban reservados a casos muy excepcionales. Oncología, traumatología avanzada, neurología o diagnóstico por imagen de alta complejidad forman ya parte de la práctica clínica diaria en muchos centros veterinarios.
La buena noticia es evidente: nuestras mascotas viven más y reciben una atención cada vez mejor.
La consecuencia es que también crece la necesidad de contar con soluciones que permitan acceder a esos cuidados con mayor tranquilidad.
Por eso creo que el futuro de este mercado no pasa únicamente por vender más pólizas, pasa por ofrecer mejores servicios.
Cuando una familia entra en una clínica veterinaria de urgencias a las dos de la mañana porque su perro está enfermo, no está pensando en primas, franquicias o condiciones generales. Lo que necesita es encontrar una respuesta rápida, un profesional de confianza y la tranquilidad de saber que alguien le ayuda a tomar decisiones en un momento complicado.
Ahí es donde realmente se construye el valor.
Las compañías que lideren este mercado no serán necesariamente las que tengan los precios más bajos. Serán las que consigan ofrecer la mejor experiencia al asegurado. Las que combinen acceso a profesionales, redes veterinarias solventes, orientación, tecnología y una gestión eficiente de las prestaciones.
También veremos una evolución natural hacia propuestas cada vez más integradas.
Según estudios recientes, un porcentaje muy elevado de los propietarios españoles todavía no tiene asegurada a su mascota, lo que muestra el enorme recorrido que sigue teniendo este mercado. Al mismo tiempo, la creciente digitalización de los servicios y el hábito de gestionar desde una misma aplicación aspectos relacionados con la salud, las finanzas o la movilidad hacen pensar que la protección de las mascotas acabará integrándose de forma mucho más natural en la vida cotidiana de las familias.
No creo que el debate de los próximos años vaya a centrarse en si las mascotas deben asegurarse o no.
Creo que la cuestión será cómo construir soluciones capaces de responder a las expectativas de unos propietarios cada vez más exigentes y más vinculados emocionalmente a sus animales.
Porque las mascotas han dejado de ser un ramo emergente para convertirse en una categoría estratégica dentro del seguro.
Y quizá la mejor prueba de ello sea que cada vez hablamos menos de animales asegurados y más de familias que buscan tranquilidad.
Al final, eso es exactamente lo que compra una persona cuando decide proteger a su perro o a su gato: la tranquilidad de poder cuidar de alguien que considera parte de su familia.

