El futuro del seguro no pasa solo por digitalizar, sino por entender mejor el dato
Por Alejandro Salas, COO de Grupo Globartia
En el sector asegurador llevamos un tiempo hablando mucho de inteligencia artificial, automatización, análisis del dato y digitalización. Y es normal. La tecnología va a tener un papel cada vez más importante en la evolución del seguro. Pero el verdadero diferencial no va a estar en quién incorpore antes una herramienta nueva, sino en quién tenga claro para qué la quiere y cómo la integra de verdad en su forma de trabajar.
Desde nuestra realidad, esa respuesta no está en una idea abstracta de innovación, sino en cosas muy concretas. Está en que un profesional pueda contratar una póliza de garantía mecánica en menos de un minuto. Está en que un proceso que antes exigía más pasos, introducción manual de datos, más tiempo y más margen de error hoy pueda resolverse de forma más ágil y más segura, volcando digitalmente información contrastada con fuentes oficiales. Y está en que, detrás de esa agilidad, no solo haya una mejor experiencia comercial, sino también una operativa más clara y más útil para todos.
Ese es, para Grupo Globartia, el punto clave. En seguros, la tecnología no aporta valor porque sea nueva, sino porque resuelve fricciones reales. Pero el recorrido no termina en la venta. De hecho, una parte muy importante empieza después. En un grupo como el nuestro convivimos cada día con pólizas, averías, peritaciones, expedientes y siniestros. Y ahí la tecnología no solo sirve para hacer más rápido un proceso, sino para ordenar mejor la información, conectar mejor las áreas y trabajar con una visión más completa de lo que está pasando.
En nuestro caso, las mejoras tecnológicas aplicadas a la gestión de siniestros ya nos han permitido avanzar en cuestiones muy concretas: apertura inmediata del siniestro en nuestro sistema, reducción de tiempos de respuesta técnica, un seguimiento más claro y transparente del estado del expediente y menos incidencias administrativas y menos fricciones para el cliente final. Ese tipo de avances son los que realmente marcan la diferencia, porque impactan en la operativa diaria y también en la percepción del servicio.
Ahí es donde creo que está uno de los grandes retos del sector. Durante años hemos incorporado herramientas para agilizar tareas concretas, pero todavía queda mucho por hacer en integración. Muchas veces el problema no es la falta de tecnología, sino que la información sigue demasiado separada, que los procesos no siempre dialogan bien entre sí o que el dato existe, pero no se explota con la profundidad necesaria. Y esa diferencia es enorme, porque una cosa es tener sistemas y otra muy distinta convertirlos en una ayuda real para decidir mejor.
En nuestro caso, además, esta reflexión tiene mucho sentido por el tipo de actividad que desarrollamos. Gestionar garantía mecánica, peritación y siniestros genera una cantidad de información muy valiosa sobre incidencias, comportamientos repetidos, tipologías de avería y necesidades reales del mercado. Bien trabajada, esa información no solo sirve para gestionar mejor hoy, sino también para entender mejor qué estamos asegurando, cómo se comporta el riesgo y dónde puede haber margen para prevenir mejor mañana.
Es precisamente ahí donde se sitúa una parte importante de la siguiente evolución del grupo. Por eso, en Grupo Globartia hemos apostado por la creación de ArtIA, una inteligencia artificial propia que nos ayudará a optimizar nuestras gestiones diarias, sí, pero sobre todo a tratar el dato con una lógica cada vez más predictiva. El objetivo no es solo ganar eficiencia, sino entender mejor nuestro negocio, anticiparnos mejor y seguir mejorando tanto nuestra operativa como la experiencia del cliente.
Si tuviera que resumirlo en una idea, diría esta: el futuro del seguro no dependerá solo de tener más herramientas, sino de conectar mejor negocio, dato y criterio. Y eso, en compañías especializadas como la nuestra, puede marcar una diferencia muy real tanto en eficiencia como en calidad de servicio y capacidad de evolución.
Porque innovar, al final, no es hablar más de tecnología. Es conseguir que el negocio funcione mejor y que el cliente lo note.

